¿Cómo empecé a dar clases de idiomas?

Es una duda que me preguntan muchos, ¿cómo empezaste a dar clases de idiomas? ¿estudiaste Lingüística? ¿Para dar clases de tu idioma hay que estudiar?

Bueno, déjame que te cuente un poco:

Preludio

Estudié la carrera de Educación Infantil. Teóricamente yo quería dar clases a niños pequeños de 3 a 6 años… Pero conforme iba haciendo prácticas me daba cuenta que no me veía el resto de mi vida dando clases a niños pequeños.

Pero la iluminación me llegó en mi Erasmus.

Yo siempre digo que el que no sale a ver qué se cuece (sin buscar nada específico), no puede encontrar otras pasiones hasta ese entonces ocultas.

Capítulo 1. Orgasmus en Italia

Por todos es bien sabido que cuando vas a hacer un año de intercambio en otra universidad (beca Erasmus dentro de la Unión Europea) haces de todo menos ir a la universidad. Y yo no iba a ser menos. O sea, ustedes con quién se creen que están hablando.
 
En el año 2014, entre fiesta y fiesta, llamé a un amigo para quedar esa tarde, pero me dijo que no podía, que iba a ir al centro okupa a estudiar italiano (gratis) porque les habían propuesto dar clase de español (gratis). A mí se me iluminaron los 👀 ojitosy pregunté: ¿puedo ir?
 

Y así empecé. Me dieron dos opciones: nivel básico o intermedio. Sin dudarlo decidí el básico (pues eran “como niños”) y empecé a crear materiales (en vez de estudiar para mis clases en la universidad, sí, ¿qué pasa? Dio igual, al final me aprobaron totas). Creé canciones de Rozalén o Calle13, me llevaba mi propia ropa a clase…

Les enamoré del español… pero yo me enamoré de ser profesora de español, también.

 

Ese es mi primer grupo. Y aunque no lo parezca, yo soy la de la chaqueta roja.

 

Capítulo 3: Red de conexiones de profes

Quizás cuando te lo cuente no me creas, y no te culpo, yo tampoco lo haría. Pero así fue.

En el año 2019, después de haber estado viajando haciendo autostop por España, Italia y Francia acabé viviendo en Touluse (sur de Francia) por unos meses.

Tuve que aprender francés, buscar nuevas amistades, encontrar un trabajo… En medio de ese caos emocional, y mientras un grupo de amigos bebíamos a las orillas del río (no penséis que soy una borracha), conozcí a un colega de mi grupo. Inmediatamente sentí un yoquésé que quéséyo… Un… “no sé por qué, pero siento que me puede ayudar” y me senté a su lado a preguntarle que qué hacía, que cómo se ganaba la vida… Respulta que era profesor de español y se ganaba la vida con ello.

Le escuché muy atentamente, me enseñó una unidad didáctica de la república española, cómo estructuraba sus clases. Aprendí muchísimo… Pero yo también saqué mis armas: le enseñé mis materiales, lo que hice en Italia (porque también enseñé inglés a unos niños) y en alguna clase suelta por España.

Me miró, me sonrió y me dijo: “tienes mucho talento”.

Unos días después me llamó:

-Cris, envía YA tu CV a esta empresa que están buscando a gente.

Dicho y hecho. Gracias a esa conexión que sentí, gracias a escuchar, gracias a preguntar, gracias a venderme, conseguí mi primer trabajo de profesora de español remunerado.

Capítulo 3: Las elecciones me volvieron nómada digital

Empecé a trabajar en esa academia de idiomas donde mi amigo me recomendó. Eran clases 1-1. Podía hacer lo que quisiera, me daban total libertad y me pagaban una misera (15€, en Francia, y las clases les costaba -a las empresas de mis alumnos- 60€ cada clase). Pero yo estaba contenta, pletórica, era oficialmente profesora de español.

Como tenía total libertad, podía hacerlas donde quisiera. Una alumna con la que conecté muchísimo me sugirió hacerlas en una cafetería, a otra alumna me la llevaba al mercado y aprovechaba para comprar mis verduritas. Me lo pasaba bomba 💣.

Tanto fue así que una semana, en época electoral, no quería pedir mi voto por correo (pues ya me pasó durante mi Erasmus que nunca llegó y no quería que me robasen mi voto). Así que, bajé a España a votar, pero antes les propuse a mis alumnos hacer las clases online.

Probamos con Skype (año 2019) y funcionó. Tanto fue así que al volver a Francia seguíamos dando alguna clase por Skype.

Recuerdo que le dije a mi compañero de piso de aquel momento:

Joder, es que si pudiera dar clases y viajar a la misma vez sería la persona más feliz del mundo.

Dicho y hecho. Me puse manos a la obra. Empecé a crear más materiales, hice un curso de una semana del Instituto Cervantes (que recomiendo a fuego. Sí, vale 300€, o al menos en aquella época, pero vinieron profes top y aprendí un montón) y…

Tres años después os escribo desde Paraguay. El mes que viene nos vamos a Brasil en nuestra furgoneta camper. Si realmente quieres, puedes.

 

 

Capítulo 4: Hay que enseñar a ricos

Si algo aprendí en la academia de Francia (donde las empresas pagan 60€ cada clase para sus trabajadores) es que

hay gente rica. Y a esa gente hay que enseñarle.

Justo después de empezar las clases por Skype me fui a Perú para trabajar en una universidad en Lima en un proyecto educativo viajando por diferentes pueblos y aldeas…

¿Cómo lo conseguí? Hablando con la gente, como se consiguen las cosas. No se trata de que le cuentes tus problemas a todo el mundo, si no de que les comentes tus dudas, tus planes, etc. Yo le comenté a mi tía que quería viajar, que Francia estaba bien, pero que me apetecía algo más… Ella, que por cuestiones de la vida vivía en Perú, me dijo: “Espera, que me suena que un amigo estaba buscando a alguien que estuviera dispuesto a viajar para un proyecto educativo.” Dicho y hecho. Una estrevista después ya estaba contratada.

Ese trabajo no estaba mal, pero había semanas de muchas horas de oficinas. Eso sí, cuando me tocaba viajar, tenía que ir a pueblecitos muy alejados, donde prácticamente solo se hablaba quechua y no entendía nada.

Estos niños me preguntaron:
“Señorita, ¿por qué su piel es tan blanca y su pelo blanco y negro?

Como había muuuuchas horas de oficina y mi proyecto no podía avanzar porque era verano (del hemisferio sur), le dije a mi jefe que volvería en marzo.

Así que, recordando lo bien que me fueron las clases por Skype, me metí en Verbling e iTalki. Empecé con varios alumnos. Uno todavía sigue conmigo (y ya son tres añazos) y otros los perdí, por mala organización y porque hay que perderlos para saber que hay cosas que no estás haciendo bien.

Como tenía pocos alumnos online también empecé a dar clases presenciales de inglés e italiano a niños de ricos en Lima. Pero con el tiempo que se perdía en el transporte aposté solo por las clases online.

Así que hice un buen vídeo de presentación, mejoré materiales, hice mil historias. Hasta que vino la pandemia.

Volví a España y durante toda la pandemia me puse a dar clases como loca por las plataformas iTalki y Verbling, daba a adultos y niños, era muy estresante, siempre preparando materiales, pero no había nada mejor que hacer y yo no decía que no a ningún nuevo alumno. Sé que no es lo mejor, pero yo quería ahorrar para que cuando se acabase esa locura pudiera salir por patas. Y eso hice.

El verano de 2020 me fui como nómada digital a Italia. Trabajaba en la terraza de hostel y luego en un piso que me alquilé. Fue el principio de esta vida como profe nómada.

Ahí fue cuando me dije:

Tenías razón. Se podía y lo conseguiste.